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“soy un buscador de historias”
Matías Vergara Delorenzo

Los botes son el tema de su nueva exposición, que coincide con el LANZAMIENTO DEL LIBRO DE “BOTES”, UN PROYECTO QUE RESUME UN TRABAJO DE MÁS DE UNA DECADA Y QUE QUE DA CUENTA DE UNA VERDADERA OBSESIÓN ARTISTICA por esos artefactos que cargan tanta historia y que ya van desapareciendo.

Escogió mayo para inaugurar su exposición por ser este el mes del mar. Y toda su vida ha transcurrido cerca del mar. Desde niño, en Australia donde vivía su familia, salía a pescar casi a diario junto a su padre. Después, ya en chile, sus vacaciones fueron siempre cerca del océano, nunca en el campo ni en la cordillera. De ahí viene, sin duda, su fascinación por los botes. En 1998, recién salido de la universidad Finis Terrae, donde estudio arte, presentó su primera exposición en la galería Sala y el tema central fueron los botes. Entre medio ha pintado también otros temas, pero nunca ha abandonado su interés por los botes. Ahora considera que ha llegado el momento de cerrar un ciclo, aglutinando en una muestra buena parte de los conocimientos y experiencias sobre el tema adquiridas a lo largo de 14 años. ¿y qué mejor para hacerlo, que volviendo a la misma galería que lo vio nacer: La Sala?

Lo curioso es que el libro es uno de los mayores lujos que se ha permitido Matías Vergara de Lorenzo, porque él mismo lo escribió, financió y editó. Y tanto ha cuidado cada detalle de ese volumen en versión bilingüe, que lo tiene listo desde hace dos años, esperando el momento adecuado para lanzarlo. Contiene reproducciones de sus pinturas, esculturas, dibujos, collages, fotografías, ensayos y testimonios de pescadores. “Es una especie de compilatorio, hecho a mano, de una historia de años de búsqueda de información en torno a un tema que me apasiona, como son los botes. Paradójicamente, ha sido parte de muchas tripulaciones, me mareo, por lo que me considero más bien un tripulante de rulo. Pero yo navego a través de mi pintura”.

Y agrega: “Para mí, los botes tienen implícita una poesía bien particular. No son sólo un medio de transporte, son un contenedor de relatos de historias de hombres; hombres que por desafiar al mar para alimentar a sus familias han quedado con los huesos quebrados, tienen heridas abiertas, la piel ajada, salina. El bote, cuando ya está viejo, es un relator perfecto de lo que vivió ese hombre en el mar. Cada cáscara, cada capa de pintura, cada raspón, habla de lo que sufrió físicamente el hombre que lo habitó, porque estas personas realmente no usan los botes: los habitan; hacen fuego arriba, duermen ahí”.

Otro aspecto del bote que interesa a Vergara es que, cuando este ya no da más de viejo, queda tirado en la arena, haciéndose nuevamente tierra, para que nazca de ahí otro árbol del cual se podrá hacer un nuevo bote: “Esa poética del ciclo natural de subsistencia es maravillosa, y es algo que está en peligro de desaparecer, porque están en peligro de desaparecer, porque están entrando cada vez con más fuerza los botes de fibra de vidrio, que pueden ser mas prácticos, menos costoso, pero que ya no son poesía, sino basura”.

Un patrimonio Cultural

Me cuenta Matías que él ve el mar y se emociona: “me tira, me busca, me quiere. Yo buceé 10 años, certificado por la armada. Anduve pelado por amor al mar… Me gusta, me produce placer”.

Por lo mismo, le pareció importante dar rienda suelta a su obsesión, sacando adelante su libro “botes”, como el testimonio histórico de un patrimonio cultural en un proceso de extinción.

“Este libro no busca tener ninguna postura en ningún aspecto. Es sólo testimonial. Porque yo entiendo que al gremio de los pescadores le convienen más los botes de fibra de vidrio, que son más fáciles de mantener, pero lo concreto es que con eso se está produciendo una modificación del paisaje, que de a poco está dejando de tener a la vista esos armatostes románticos de madera que eran metidos o sacado del mar tirados por bueyes o caballos. De aquí a 20 años, mis hijos o mis nietos van a preguntar qué era eso”.

Cuenta que él siente admiración por los pescadores y su oficio milenario: “creo que se ha escrito muy poco al respecto y que es un tema que da para demasiado más. Para mí, son verdaderos héroes. Viven en una precariedad salvaje. Este es un país con más de cuatro mil kms. De costa y no se le dado a los pescadores la importancia que tienen, sobre todo con el mar bravo que tenemos, porque de pacifico no tiene nada; es un mar rudo, frío, con un clima devastador. Y la mayoría de ellos ni siquiera sabe nadar. Además, como van vestidos con bototos, con un chaleco arriba del otro y encima otro más, si llegan a caer al agua, en dos minutos se van al fondo y no los encuentra más”.

¿Cómo se manifiesta en ellos el miedo a la muerte?

  • Cuando las personas están muy conectadas con cosas materiales y tienen muchas comodidades, ahí aparecen los miedos, pero los pescadores no conocen más que su mundo, así que no están conectados con el miedo, sino con sus necesidades. Lo único que saben es que tienen que tiene que salir adelante, que así es la vida. Por supuesto que desean llegar vivos a sus casas por la noche, pero cuando tu convives con la muerte a diario, terminas siendo su amigo.

Llama la atención en el libro de este artista que no hay óleos, dibujos, collages, etc., sino también muchas fotografías. Es que Matías Vergara siempre le ha gustado tomar fotos, pero advierte que lo hacen simplemente para registrar cosas y después interpretarlas en el taller. “La mía es una óptica plástica, saco las fotografías desde la retícula de un pintor. Para mí, la fotografía es una herramienta, me gusta, pero eso no me hace fotógrafo. Yo cuando estoy sacando fotos, en realidad estoy pintando; cuando estoy entrevistando o escribiendo algo, estoy pintando. Porque pintar lleva implícita toda una carga de información, de aprendizaje, de interés de enamoramiento, de estrés, de angustia y obsesión”, dice.

Explica que, en pintura, él es parte siempre de dos ejes fundamentales: la nostalgia y la poesía. “A mí me atrae algo cuando hay poesía. Me pasa con los botes. En el fondo humana y lo mismo me pasa con los botes. En el fondo yo soy un buscador de historias, y las encuentro a través de la pintura”.

Se ve muy contento a Matías con el resultado de su libro. “Aquí no hubo mezquindad porque lo hice solo, no tuve que pedirle plata a nadie” dice. “Fue un proyecto que se concretó con la misma poesía que empezó, y ahí está. No lo hice pensando en mis hijos y para que en general la gente en el futuro sepa cómo era esto antes. Uno lo ve muy obvio hoy día, pero probablemente en 30 años más los autos vuelen, las caletas estén todas automatizadas, entonces va a ser muy rico cómo era chile tres décadas antes. Porque la cosa va muy rápido”.