PUBLICACIONES

Homenaje a Tito el Grande
Por Matías Vergara

Siempre que un hombre va acompañado de un adjetivo como “el grande” o “el poderoso” lo asociamos a un emperador, un general o, tal vez, un conquistador.

Pues bien, se podría decir que la valentía, el trabajo y la perseverancia y la inquietud de aventura y creación de este hombre fueron admirables. Destacado Arquitecto, artista y profundo apasionado, son entre otras cosas títulos suficientes de un grande.

Ernesto (Tito) Barreda nace en Paris el año 1927, se gradúa de arquitecto en 1952, en la Universidad Católica de Chile, vive en España en los años 70 y su inquietud por el arte lo llevan a estudiar un tiempo en la escuela de arte de Paris.

Socio fundador de ALEMPARTE Y BARREDA (Sergio Almparte y Ernesto Barreda), el año 1953 forman la oficina e arquitectos más antigua que aun existe en Chile. Con los años se fueron sumando a la sociedad Yves Besançon, Manuel Wedeles y ahora también Amalia Barreda siguiendo la huella de su padre.

Probablemente estemos frente estemos frente a uno de los personajes más prolíferos de la escena arquitectónica y artística nacional. Fueron de su responsabilidad parcial o total obras tan importantes como Hotel Hyatt Regency Santiago, Hotel Sheraton Miramar, Hotel Marvella Resort; por nombrar sólo algunos hoteles, edificios corporativos, universidades y hospitales.

La verdad es que lo que más me motiva a escribir unas líneas sobre este gran creador no es enumerar su legado, sino que para compartir parte de lo que nos dejó Titi.

De cómo vivió y como fue entregando su mirada, posiblemente uno de los escasos BoBo (del francés Bourgeois-boheme)de nuestro país. Hombre movilizada por el arte desde todas sus miradas, un amigo muy querido por el difícil circuito de los artistas, un amante de la música, especialmente el flamenco, a tal punto que viajaba con frecuencia a España a disfrutar a disfrutar de sus tablaos y volvía.

Siempre muy bien vestido, con traje y corbata, zapatos impecables y un pañuelo asomado de la chaqueta. De gustos refinados y muy gozador de la gastronomía, el buen vino y la historia universal; especialmente del imperio Romano. Ernesto Barreda a ratos podía confundirnos, ya que no tenía carteles y de apariencia no parecía lo que la mayoria entiende por imagen de artista, el fue siempre un autentico BoBo.

Su historia, gusto y elegancia lo hacían un burgués, sin embargo sus pasiones estaban en la bohemia, llena de brindis, poesía, pintura, escultura, museos, cantos, bailes, risas desenvueltas entre amores.

Tito era sensible y formal a la vez, capaz de llorar de tanto reír o de pena y en ambas situaciones se disculpaba.

Para quien les escribe fue un honor haber sido invitado a escribir un pequeño homenaje desde la admiración y la amistad, no es mi espíritu referirme a la obra del artista aunque es propia de toda mi admiración, sino intentar compartir emociones y visiones sobre este hombre complejo, gozador y fuera de común.

De un tremendo mundo propio y con la cabeza llena de ideas e inquietudes.

Era un gozador de la cuidad, abierto a lo que esta le ofrecía para sorpresa mutua. De mentón alto y su sonrisa esbozada, sólo levantaba un poco las cejas y bailaba unos segundos en el lugar para de pronto parar abruptamente y seguir hacia su destino como si la razón lo trajera de vuelta.

Tuve la suerte de estar comiendo con él, algunos artistas y amigos en su casa y restoranes y siempre ocurría que después de algunas copas don tito se levantaba de la mesa larga y ruidosa a llamar la atención de todos para recitarnos unas largas líneas de Gracia Lorca, a quien admiraba mucho, o algún poema en francés, lengua que dominaba con fluidez, al igual que el ingles y el castellano. Cantaba en los tres idiomas y dibujaba en el mas universal, el de la gratuidad y lo imaginario.

Hijo del mundo pintó el misterio y la soledad, con símbolos y significados que denotaban su búsqueda infinita.

Tu familia te atesora, el arte te agradece, la ciudad te extraña, tus amigos te mantenemos vivos, de tus labios nos colgamos cada prosa y de tu pasar elegante aprendemos como de tu alegría nos aferramos. Podríamos decir, “grande Tito” o mejor aun, adiós, “Tito el grande”.